El Yojan es fujiasno
No sé con precisión quién era El
Yojan, quizás por ser otro Yojan no llegué a averiguarlo. Pero cuando yo llegué
como practicante a dar mis primeros pininos en el mundo periodístico, El Yojan
ya tenía fama. El nuevo era El Yojan, el centro de las bromas jocosas y la
víctima de pagar el derecho de piso, a veces con escenas ridículas para el
pobre del Yojan. Ahora que recuerdo, debí ser un Yojan cuando pregunté a mi
jefe de Prácticas, Martín Solis, recomendaciones para salir a reportear. Con
grabadora en mano, esos tiempos usábamos el caset y pronto pasaríamos a lo
digital, él me recomendó tener la cinta bien cuadrada, las pilas bien cargadas
y con repuesto. Al pedir sugerencias, yo esperaba que me dijera qué preguntar,
tiempo después comprendí que las preguntas al entrevistado dependerán de las
circunstancias, de la coyuntura o de la investigación que estés siguiendo.
| Los tres Yojans periodistas y la jefa en el diario que trabajamos hace algunos años, del cual tengo el triste recuerdo, bu bu bu |
En el círculo periodístico El
Yojan, era el principiante, sobre todo el dejado, el descuidado, el de las
preguntas bobas, el que arruinaba la estratagema de acorralar al entrevistado.
Los reporteros desmermelados éramos hienas buscando tumbarnos al político de coyuntura,
sobreponiendo la noticia por todas las cosas. Un Yojan podía arruinar el plan o
un mermelero salvador. Al final, terminábamos bromeando: eres un Yojan, cuando
eso pasaba. O jamoneándonos de lo bien que lo hicimos, de las preguntas incisivas
o de lo que faltó. Desconozco si todavía siguen con la chapa de Yojan, para
referirse al nuevo.
De ese mundo en que nos Yojeábamos,
había tres redactores que igualmente nos decíamos Yojan en el diario Correo. Difícil
distinguir quién era el Yojan Yonel, el Yojan Cristian o el Yojan Gunler. Los
tres nos comprendíamos señalándonos ya sea con la mirada, con la ausencia o la
referencia directa. Esas relaciones laborales se confunden con la amistad y se
pierde en el tiempo. Aunque la distancia se alarga con el paso de los años y
geográficamente, todavía se añora las reuniones de trabajo con la jefa, con la
publicista o la secretaria. Todas ellas también llamándonos Yojan o por nuestro
nombre de cuando en cuando. En la oficina de redacción periodística, decirnos
Yojan ya no era una ofensa, era la manera más breve de sacar una sonrisa y
mantener un clima afable.
Como todo tiene su final, cada
quien toma nuevos rumbos. Renuncié a Correo, se quedaron los dos Yojans,
entiendo que el otro Yojan también renunció y el último Yojan fue reubicado, no
sé si vive. Pero con el Yojan de Pasco, manteníamos cierta comunicación
esporádica. Algunas veces para comentar de tal o cual colega o discrepancias
políticas. La última, después que se pasó a las filas fujimoristas por todo lo
alto, fue para que me compare con el terrorista Abimael Guzmán.
| El chat de los dos Yojans |
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