- Desde la Torre

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jueves, 4 de junio de 2026

 El Yojan es fujiasno

No sé con precisión quién era El Yojan, quizás por ser otro Yojan no llegué a averiguarlo. Pero cuando yo llegué como practicante a dar mis primeros pininos en el mundo periodístico, El Yojan ya tenía fama. El nuevo era El Yojan, el centro de las bromas jocosas y la víctima de pagar el derecho de piso, a veces con escenas ridículas para el pobre del Yojan. Ahora que recuerdo, debí ser un Yojan cuando pregunté a mi jefe de Prácticas, Martín Solis, recomendaciones para salir a reportear. Con grabadora en mano, esos tiempos usábamos el caset y pronto pasaríamos a lo digital, él me recomendó tener la cinta bien cuadrada, las pilas bien cargadas y con repuesto. Al pedir sugerencias, yo esperaba que me dijera qué preguntar, tiempo después comprendí que las preguntas al entrevistado dependerán de las circunstancias, de la coyuntura o de la investigación que estés siguiendo.    

Los tres Yojans periodistas y la jefa en el diario que trabajamos hace algunos años, del cual tengo el triste recuerdo, bu bu bu

En el círculo periodístico El Yojan, era el principiante, sobre todo el dejado, el descuidado, el de las preguntas bobas, el que arruinaba la estratagema de acorralar al entrevistado. Los reporteros desmermelados éramos hienas buscando tumbarnos al político de coyuntura, sobreponiendo la noticia por todas las cosas. Un Yojan podía arruinar el plan o un mermelero salvador. Al final, terminábamos bromeando: eres un Yojan, cuando eso pasaba. O jamoneándonos de lo bien que lo hicimos, de las preguntas incisivas o de lo que faltó. Desconozco si todavía siguen con la chapa de Yojan, para referirse al nuevo. 

De ese mundo en que nos Yojeábamos, había tres redactores que igualmente nos decíamos Yojan en el diario Correo. Difícil distinguir quién era el Yojan Yonel, el Yojan Cristian o el Yojan Gunler. Los tres nos comprendíamos señalándonos ya sea con la mirada, con la ausencia o la referencia directa. Esas relaciones laborales se confunden con la amistad y se pierde en el tiempo. Aunque la distancia se alarga con el paso de los años y geográficamente, todavía se añora las reuniones de trabajo con la jefa, con la publicista o la secretaria. Todas ellas también llamándonos Yojan o por nuestro nombre de cuando en cuando. En la oficina de redacción periodística, decirnos Yojan ya no era una ofensa, era la manera más breve de sacar una sonrisa y mantener un clima afable.

Como todo tiene su final, cada quien toma nuevos rumbos. Renuncié a Correo, se quedaron los dos Yojans, entiendo que el otro Yojan también renunció y el último Yojan fue reubicado, no sé si vive. Pero con el Yojan de Pasco, manteníamos cierta comunicación esporádica. Algunas veces para comentar de tal o cual colega o discrepancias políticas. La última, después que se pasó a las filas fujimoristas por todo lo alto, fue para que me compare con el terrorista Abimael Guzmán.

El chat de los dos Yojans

El chat de los dos Yojans

El Yojan me pregunta si ya estoy listo para votar por Sánchez. Probablemente vote por Sánchez, le respondo. Acoto que una persona informada, que ha leído algo de la historia y ve los actos del fujimorismo capitaneada por Keiko desde el 2016, haciendo que caiga el gobierno de PPK, otro fujimorista incomprendido que ahora se reconcilió con la señora del caos, entonces digo, jamás votaría por ella. “Tu sesgo me sorprende, ya casi pareces abimael solo te faltaría una barba más poblada”, así, sin altas para un nombre, me responde el viejo colega de redacción. ¿A los fujis los lobotomizan para decir tremenda tontería? Porque según ellos, rechazar el voto a Keiko, te hace terruco. No respaldé ideas extremistas, creo me conoce, pero El Yojan se atreve a compararme con el cabecilla del terrorismo, por negarle el voto a su lideresa. El Yojan se volvió fujiasno, pues ni siquiera es consciente de la gravedad de su dicho.  





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