Me encontraba en León Pampa, Jacas
Grande. De eso hace ya aproximadamente dos años, justo por esas fechas en que
los ahora candidatos correteaban en sus afiliaciones a partidos políticos. Eran
de las primeras pintas electorales.
| Ahora el energúmeno, el pegalón, pone la cara de buenito y ruega por votos - Imagen: IA |
Por Yonel Rosales
Se me acerca un precandidato al
distrito, me pide que le ayude con la gente. Como algunos saben, trabajo en un
programa social. Obviamente le rechazo de plano. Insiste y me dice que, aunque
sea con la familia, que le apoye. Pregunto, ¿con quién vas a la provincia?
Con Imbécil, me dice. Contengo una risotada burlesca y las ganas de
mandarlo por el tubo, como quien baja la palanca.
¿Pe, pe, pe, pero Yonel, no puedes decirle imbécil a una persona por el solo hecho que te golpeó? Mucho menos decirlo públicamente y por escrito. Un exalcalde se merece respeto. ¿Dónde queda su alta investidura? ¡Qué te pasa!
Su investidura se lo puede meter
por donde quiera. Dicen por ahí, el respeto se gana. Te explico por qué es un
imbécil. Un imbécil se distingue de un idiota. Un idiota actúa por
desconocimiento, por ignorancia. Un imbécil actúa a sabiendas, actúa apropósito
con mala intención, conoce la ley, pero le importa un pepino. ¿Qué tiene
que ver con el ahora candidato? Bueno quien haya culminado, aunque sea la
secundaria, sabe que todos tenemos derechos y vivimos en una sociedad
democrática. Mínimamente habrá repasado algo de la constitución, aunque nos
quede poco de ese aburrido documento en los sesos.
Pero Imbécil no solo acabó el
colegio, es docente, ha dictado algunos años. Probablemente también golpeaba a
sus alumnos, así como hizo con este periodista. Además, Imbécil tiene doble
profesión, es abogado, se supone es más preparado. Artículo 2 de la
constitución, inciso 4. “Toda persona tiene derecho: A las libertades de
información, opinión, expresión y difusión del pensamiento mediante la palabra
oral o escrita o la imagen, por cualquier medio de comunicación social, sin
previa autorización ni censura ni impedimento alguno, bajo las
responsabilidades de ley.” Sorprende, es abogado y no sabe ni
mierda de lo más básico de los derechos. Es otro Céspedes, pero más cuerdo o
aparenta muy bien la cordura.
Que el susodicho sea profesor y
abogado. Quizás el docente hasta ignore los derechos que nos ampara la
constitución, porque hay prosores y prosores. ¿Pero que un abogado no sepa
lo más básico de los derechos?, obviamente te hace imbécil. Entonces que un
profesor, además de abogado, golpee a un periodista que solo ejerce su derecho
constitucional, etc., cuando se supone sabe cómo proceder ante la presunta
vulneración de sus derechos, te hace un imbécil. O ¿no?
El exalcalde que ahora ruega por apoyo,
así son estos imbéciles, olvidan que el poder se acaba y quieren más poder y
más poder. Mientras estemos en democracia, van a tener que suplicar por votos. La
primera vez que me agredió fue luego de una sesión de regidores, yo entonces
recién empezaba a hacer periodismo en Huamalíes, siempre jodido, creo más
apasionado e incisivo esas veces, era un recién bajado, es decir, recién había
dejado mi mundo de periodista. Cargaba mis hábitos frescos, se habrán dado
cuenta, ahora publico menos. Vivía del periodismo y comía del periodismo,
no como ahora, que solo lo hago por hobby, no gano dinero, a pesar del esfuerzo
y recursos que demanda. Aprovecho para agradecer a varios seguidores que me yapean
o me han entregado un presente personalmente, reconociendo mi labor, en todo
caso esa es mi paga. Volví a mi tierra con ansias de volcar mi espíritu
combativo contra los corruptos que me caracterizó en mis años de reportero. Como
dijeron del diario La Primera cuando lo dirigía el maestro César Lévano, quizás
exageraba al disparar a todo aquel que se mueva. En mi apasionamiento de
joven casi todos eran sospechosos. Tanta ladronería en todas partes, no es para
menos.
En esas jornadas de perseguir
diariamente las noticias he tenido ataques, sí, agresiones físicas de gente
ordinaria, de ignorantes, por lo general. Recuerdo que nos cayó unas piedras y
agua por cubrir una nota en un centro de abortos clandestinos. Otra agresión de
una doña que intentaba evitar que tome fotos a su angelito detenido o insultos
de gente intentando parar una publicación. Rajes del oficio. ¿Pero que un
alcalde, una autoridad, te sorprenda con un sopapo de la nada? No me había
pasado hasta que Imbécil me golpeó. Cuando hacía periodismo todos los
días, las autoridades, por su investidura cuidaban su trato con la prensa.
Salvo, una vez que me enviaron de comisión fuera de la ciudad, al intentar
entrevistar a un alcalde que no daba la cara, este se mandó con una amenaza
mientras lo grababa. Fue un escándalo y por su puesto mi directora dispuso que
no salga más.
¿Pero qué puede pasar al interior
de una municipalidad?, en un espacio público hay cierta seguridad. No, Imbécil
está convencido que la municipalidad es su casa, su chacra y actúa como una
bestia. Luego que me golpeó al terminar una sesión de regidores. Pasado algunos
meses, sí, con cierto temor, volví a la municipalidad, buscando entrevistar a un
funcionario. Dialogaba con uno de los gerentes, supongo un esbirro, un lame
zuelas, fue a decirle a Imbécil que estaba yo en sus feudos. Vino todo
prepotente y me sacó a rastras. Mis manos respondieron rápidamente y empecé
a grabarlo en video. Ahí se ve a Imbécil intentado quitarme la cámara. Por
supuesto que no lo solté. Terminé con algo de sangre en la boca y rasguños,
producto de la agresión.
Lo lindo de la democracia, es que
los elegidos para ser alcaldes o regidores, etc, aunque ellos sueñan que son
reyezuelos, es que tienen su fecha de caducidad. Y vuelven a ser unos pobres
sujetos que pierden el brillo en sus ojos. Tiempo después, cuando se acabó su
gobierno, por casualidades de la vida, nos encontramos con Imbécil en la puerta
de una municipalidad de Yarowilca, carecía de esa aura de poder. Imbécil
estaba convencido que yo quería algo de él, daba entender que quería dinero. Si
de dinero fácil se trata, jamás hubiese abandonado el periodismo, hubiese
aceptado las propuestas de funcionarios y autoridades que temen a los
periodistas críticos. Sé que hago mal al echarme flores: era uno de los
reporteros incisivos y documentados, quizás próximo a llegar a la cima. Lo
abandoné por añoranza a mi tierra y por más paga.
Después que Imbécil, dizque profesor
y abogado, me agredió dos veces en la municipalidad, ¿cómo se le ocurre al inocentón
de las primeras líneas de esta anécdota pedirme apoyo a su causa? Le negué,
respetuosamente.
Pero el otro día, conteniéndome
la ira, tratando de ser respetuoso, largué a Imbécil cuando pintaba la pared de
mi familia, ya este año, hace algunas semanas en Puños. A un inicio tenía
previsto botarlo a palazos con mi familia. Pero a estos cavernícolas hay que
enseñarles. Razones no me faltaban, estaba pintando una pared sin mi
consentimiento. Poniendo su nombre para que por favor voten por Imbécil, en una
pared de mi familia. Esa parte, donde Imbécil pide que me calme, les cuento
otro día.